domingo, 23 de noviembre de 2025

Mi Mundo y mi Líder: 80 Años de Amor Incondicional

Prólogo   

Papá murió en febrero de este año. La última vez que lo vi, me abrazó como si supiera que era yo, y estoy segura de que así fue. El 16 de este mes habría cumplido los 85. Quiero compartirles lo que publiqué a sus 80. Me hace falta y lo recuerdo cada día. Agradezco haberlo tenido y todo lo que me entregó y enseñó. ¡Feliz cumple, Papi! 




 
"Hace un rato hablé con mi papá... ¡Sí, el de la foto! ¿Verdad que me parezco muchísimo a él? Mi padre se llama "Mundo", aunque muchos lo llaman "Líder". Y es que eso es mi papá para mí: mi Mundo y mi Líder.

 Hoy mi papá cumple 80 años. Él, en la inmensidad de los años que ha vivido y la gente que ha conocido, a veces no logra recordar muchas cosas, y a veces ni siquiera a sus propios hijos. Pero hoy hablé con él, y aunque creí que no me recordaría y que nuestra conversación no tendría mucho sentido para él, le dije que lo quería mucho. Y él me respondió: "Tú no sabes cuánto yo te he querido..." Lo dijo con esa voz llena de nostalgia, la voz de alguien que, en realidad, recuerda lo que ha sentido. ¡Y allí supe que, en su cumpleaños número 80, y a pesar del "alemán ladrón de cariños y memorias", mi papá volvió a decirme que me quería! De la emoción, comencé a bromear para no llorar. Pero solo para que a mí no se me olvide, les diré que yo sí sé cuánto me ha querido mi papá. 

Tengo mi profesión por su sola inspiración. Siempre tuve techo y comida, y él siempre se aseguró de que esas cosas se compartieran. Desde que tengo memoria, siempre me ayudó a estudiar. Y cuando comencé a trabajar como loca, él siguió acompañándome en los trasnochos. Cuando lo que ganaba no me alcanzaba para trabajar y seguir estudiando, mi papá siguió ayudándome. Muchos padres hacen eso, creerán ustedes... ¡Pero no! El mío lo hizo siempre con cariño y esa sonrisa. Siempre encontraba el momento para "engüerarme" (mimarme), aun cuando ya tuviera 40 años. 

Papá me enseñó que la amistad es para todo, que la felicidad en una casa se comparte cuando se reparte la comida, y que no hay distinción a la hora de entregar lo que se tiene o lo que se es. Me enseñó que si no se obtiene hoy lo que se quiere, hay que seguir trabajando hasta alcanzarlo. 

Papá siempre sonreía, incluso cuando las cosas no estaban del todo bien o cuando estaban ciertamente muy mal... ¡Y siempre sonríe! Puede que yo no me parezca en lo bueno que era con todo el mundo, pero quiero que sepan que, si les gusta cuando río, es porque eso es lo que papá me pintó en la cara a punta de cariño y amor inmenso. Hoy que papá tiene ya 80... vuelvo a ser lo que siempre he sido: una niña despeinada bien vestida, con la cara limpia, sonriendo y con "Mundo" de la mano".


16-11-2020